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Técnica de estudio: Método Pomodoro


 

Esta técnica puede ayudarte a organizar tus tiempos de estudio. No es algo milagroso, sino que tienes que esforzarte para que la técnica funcione.

 

Es una metodología concebida a finales de la década de 1980 por Francesco Cirillo, desarrollador de software y empresario italiano. El nombre proviene de un temporizador de cocina con forma de tomate (pomodoro, en italiano). Durante sus estudios, el autor se encontró frente a un período de baja productividad y confusión mental, con un sentimiento deprimente de pérdida de tiempo.


Cirillo, por tanto, decidió hacer una apuesta consigo mismo: estudiar sin distracciones y con la máxima concentración durante 10 minutos. Así que tomó el temporizador y comenzó a estudiar. En el primer intento perdió la apuesta, pero se dio cuenta de que estaba en la dirección correcta. A partir de ese día siguió perfeccionando este enfoque hasta llegar a definir lo que hoy conocemos como la Técnica Pomodoro.

En concreto, la técnica consta de varios sencillos pasos.


El primer paso es elegir una actividad que debamos completar, en este caso, estudiar una materia. En segundo lugar, utilizar un temporizador donde marcaremos 25 minutos en los cuales estaremos trabajando sin distracciones hasta que este periodo de tiempo finalice. Después, tomaremos un descanso de 5 minutos y volveremos a empezar el proceso. Cuando hayamos realizado 4 ‘pomodoros’, tomaremos un descanso de 15-30 minutos.


Sin embargo, a pesar de su inmediatez, no todo el mundo es capaz de sacarle el máximo partido. Existen algunos trucos que pueden ayudar a aplicar mejor la Técnica Pomodoro. Señalamos cinco de los muchos que se pueden encontrar en línea por mano de los principales expertos en productividad y del propio Cirillo.


Después de algunas semanas de aplicar la técnica, se vuelve natural pensar en términos de tomates: “hoy hice 10 tomates”, “ayer no hice ni un tomate”, etc. El riesgo es que el tomate pase de ser el medio a convertirse en el fin, trabajando mucho, pero concluyendo poco. En cambio, es necesario aprender a vincular los tomates diarios a actividades bien definidas. En este sentido, hay que definir una lista de tareas a realizar y ordenarlas por prioridad.


Como escribió el filósofo y poeta estadounidense Ralph Waldo Emerson: “adquirimos la fuerza de las tentaciones que somos capaces de resistir”. De hecho, concentrarse no es fácil. Según la Dra. Sharon Melnick, autora del libro ‘Success Under Stress’, todos los días tenemos alrededor de 60.000 pensamientos a nivel consciente que complican mantener el enfoque en lo que estamos haciendo. Para mejorar la concentración y el enfoque existen algunos trucos.


Las amenazas a la concentración proceden de interrupciones internas (consultar Whatsapp, comer algo...) y externas (colegas, familiares, cartero, etc.). Las distracciones internas hay que combatirlas entrenando el autocontrol. Desde hace un tiempo está muy de moda el concepto de mindfulness que se puede entrenar desde un punto de vista psicológico.


Es necesario acostumbrarse a respetar los plazos para que se conviertan en un método. Además, por contradictorio que parezca, detener una actividad a la mitad del trabajo es un incentivo extraordinario para reiniciar el nuevo tomate con la energía adecuada. En otras palabras: el Pomodoro es sagrado, no se detiene y no se pasa del tiempo establecido. No hay descansos más largos o más cortos, no hay espacios de trabajo distintos a los establecidos.


El objetivo de la Técnica Pomodoro es centrar la atención en esos 25 minutos, con la promesa de un descanso tan pronto como suene el temporizador. Los descansos, sin embargo, deben ser explotados de manera inteligente. Cirillo sugiere realizar actividades muy sencillas como beber un vaso de agua, tomar un café, estirarse, etc.


Los estadounidenses usan el término NEAT (termogénesis por actividad sin ejercicio) para indicar el conjunto de actividades que no son atribuibles a una actividad deportiva específica, pero que pueden mantener nuestro metabolismo activo y quemar calorías. En cambio, es mejor no involucrarse en otros esfuerzos cognitivos cómo responder a un correo de trabajo.


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